lunes, 27 de junio de 2011

Cultiva tu energía


Generalmente tenemos la tendencia a identificarnos con el cuerpo físico, con la realidad material, densa y concreta, creada por los sentidos.
Aunque podemos pasar el día absortos en las divagaciones del pensamiento y agitados por la inestabilidad de las emociones, aún así vivimos encerrados dentro de los límites y posibilidades del cuerpo físico.
Esto engaña nuestra percepción de las cosas (y de nosotros mismos) haciéndonos creer que la realidad que experimentamos tiene sustancia y es real. Nos percibimos como un cuerpo aislado en medio de un espacio vacío y enfrentando a un universo hostil y peligroso. De esta forma nos disociamos, el cuerpo y la mente se separan y la energía ya no puede fluir normalmente.
Pero el cuerpo físico, o el “saco de carne y huesos” con el que estamos completamente identificados, es en esencia vacuidad. No tiene sustancia propia. Cambia todo el tiempo. Energía e información producidas por el movimiento de la conciencia.
La esencia del mundo físico es insustancial.

La conciencia da vida a la materia.
Materia y energía son una misma cosa.

Por lo tanto somos un cuerpo físico, pero también un cuerpo de energía y un cuerpo espiritual, que es la conciencia misma.
Tenemos un cuerpo limitado, que es el cuerpo físico propiamente dicho, y cuerpos ilimitados, infinitos, que animan e impulsan a la materia e incluso los compartimos entre todos.
Se puede decir que el cuerpo físico es la proyección (o el reflejo) de cuerpos más sutiles. Diferentes tipos de vibración que expresan los distintos niveles de la existencia. Pero todos conectados y estructurados siguiendo una dinámica fractal.
Así que tenemos un lado visible, básico, limitado y denso, que sirve de soporte y vehículo al lado invisible, espiritual, sutil e ilimitado.
Incluso los cuerpos sutiles tienen diferentes planos de acuerdo a su vibración. Por ej: el plano emocional, es el menos sutil y el más cercano a la vibración física. Las emociones impactan directamente en los órganos y su funcionamiento (ver: la química de las emociones).
Hay una conciencia básica, instintiva, adaptativa que es menos sutil que la conciencia superior que genera ideales, proyectos, creatividad y conecta con las demás conciencias. Son diferentes aspectos o cualidades de la única conciencia. De la misma forma que hay una conciencia fundamental del universo o protoconciencia y conciencia individual, organismos concientes de si mismos, de su individualidad.
Pero en realidad hay una sola conciencia, un solo cuerpo.
La ilusión es percibir solo un aspecto de las cosas.

Entonces, ¿Cuáles son los límites reales de nuestro ser? ¿De donde viene esta respiración? ¿A dónde va? ¿Cuál es el origen de este pensamiento que modelará toda una realidad física? ¿Por que si con mi pensamiento puedo viajar en el tiempo y el espacio, con mi cuerpo físico no llego muy lejos?
La causa de buena parte de los sufrimientos en los seres humanos es la identificación con lo que muere, con la parte perecedera de la existencia y el desconocimiento del lado eterno e ilimitado.
Esto es debido a la ignorancia o no aceptación de su verdadera naturaleza.
De manera que solo interactuamos con los niveles físicos y materiales más básicos, y nuestros deseos y necesidades se corresponden con estos niveles elementales. La realidad que se experimenta es en consecuencia más limitada, estrecha y condicionada.
El puente que une el mundo material y visible con el mundo inmaterial e invisible, es la respiración.
La respiración es energía, es materia y es conciencia.
Cuando inspiras el universo entra en vos, cuando exhalas entras en el universo. Pero en esencia no hay límites, las diferencias corresponden a distintos grados de manifestación o de movimientos de la conciencia.

El universo es uno y cada uno es el universo viviendo una experiencia individual transitoria.
Conviene no olvidar esto. No hay manera de estar fuera del universo. Cada uno es su universo, comunicando con otros múltiples universos, dentro de otro universo. De manera que no estamos solos ni perdidos y mucho menos aislados.
Mediante la práctica de una respiración correcta podemos calmar la mente y armonizar las emociones.
La respiración modifica el medio interno fisiológico. Favorece la homeostasis y la purificación de los sistemas y tejidos del cuerpo.
Con la respiración nutrimos el cuerpo de energía.
Para la medicina china, la respiración es el chi (energía) del cielo. Los pulmones son los gobernadores de la energía, la absorben, la promueven, la hacen circular.
La respiración aporta oxígeno y elimina dióxido de carbono, influye en el pH de la sangre y de los tejidos. Si la ventilación pulmonar es insuficiente el medio interno se vuelve más ácido, se capta menos O2, se acumula CO2 y se modifica la química cerebral.
Todo lo que respira tiene conciencia. La célula es el ejemplo más fundamental. Es la menor unidad biológica con conciencia.
Es un cuerpo de energía, porque se trata de energía viva, consciente, por eso es "vital"

Somos energía

Esta energía en el cuerpo físico circula de manera ordenada, siguiendo canales virtuales interconectados entre si y con todos los órganos y tejidos del cuerpo.

sistema de canales y puntos de energía
La energía vital (chi o ki), que en nuestro ser toma forma individual, es la misma energía que existe en todo el universo y nos conecta con todo.
Esta energía se puede cultivar, desarrollar, armonizar, podes aprender a moverla y a acumularla en los órganos y centros de energía. Esto no solo es fuente de salud y longevidad, sino también de despertar y de expansión de la conciencia.
Es evidente que hace falta una práctica regular. Una disciplina. Entrenarse. No es como hacer aerobic, pero el aprendizaje y la repetición son indispensables.
El chi kung (o qi gong), el taichichuan, el yoga y las artes marciales favorecen el cultivo de la energía.
La práctica de zazen equilibra y expande el cuerpo de energía. Cuando la postura sentada es estable e inmóvil, la energía puede circular libremente y optimiza su consumo, o sea, se reduce.
Cuando el chi es fuerte y circula libremente mejora la capacidad de adaptación al medio y a las circunstancias.


Energía y materia se transforman entre si. Representan dos aspectos de una única realidad. A más energía más sustancia, mayor nutrición y generación. Los órganos internos se fortalecen. Los procesos fisiológicos se revitalizan. Aumenta la resistencia a las enfermedades.
“En el cultivo de la energía vital se debe eliminar todo aquello que consuma energía inútilmente en nuestra vida”
Por ejemplo: Emociones parásitas (miedo, tristeza, preocupación, ira), relaciones tóxicas, exceso de pensamientos, de ambiciones, de trabajo, de deudas…

Para poder ir más allá de los condicionamientos que tenemos instalados, hace falta un plus de energía que nos permita romper la inercia de los hábitos y la forma de pensar instalada.
A priori es difícil ya que las redes neuronales se encuentran fortalecidas por la repetición cotidiana (pensamientos, acciones) y sus conexiones ya están establecidas. Entonces siempre se genera la misma realidad.
Pero la conexión es dinámica. El cerebro se puede reconfigurar, a esta capacidad se le llama neuroplasticidad.
Cuando se crean otras conexiones neuronales (sinapsis), la realidad cambia. Para reconfigurar la red de neuronas hay que modificar la información que se procesa. Esto que se logra cambiando los hábitos, la manera de pensar, aprendiendo, estudiando y experimentando, es decir aportando nueva y mejor información. Practicando meditación en silencio.

El conocimiento de si mismo no tiene nada que ver con una moda, o con un fenómeno cultural o social, no es algo que te de fama, prestigio o riquezas, o garantía de una vida larga, etc. Es el único movimiento que vale para comenzar a ser reales y dejar de vagar como fantasmas.
Para penetrar en nuestra verdadera naturaleza necesitamos energía. La salud y la felicidad dependen de esta energía. Incluso nuestra actitud ante la vida.
Cultivar la energía significa: permitir que circule y se exprese naturalmente en el cuerpo físico y en nuestras acciones y pensamientos.

El pensamiento mueve la energía, la energía condensa la materia, la materia se vuelve energía, además nutre y sirve de vehículo al espíritu. Los tres son una misma cosa.

El cultivo de la energía (que es acción y movimiento), implica también desarrollar la no acción (en chino: wu wei).
La no acción es el no pensamiento, es el silencio, es la inmovilidad.
El secreto consiste en encontrar el no movimiento en el seno del movimiento y la calma en medio de la agitación. La calma así obtenida permitirá que el chi fluya libremente y se expanda el cuerpo de energía.
Cultivar tu energía significa volverte íntimo contigo mismo, clarificar tu mente, abrir tu corazón y no maltratar tu cuerpo. Encontrar el equilibrio en tu vida.
Es simple, el primer paso es la fe y la confianza en ti mismo.


viernes, 24 de junio de 2011

Abre tu corazón


En la medicina china se considera que la morada de la conciencia (shen) es el corazón. El corazón está en el centro de la creación. Está primero que el cerebro, es más antiguo, se forma primero en el embrión y alrededor de él crece el resto. Por eso se lo considera el emperador.

El corazón es amor incondicional y por lo tanto unidad.

Incondicional quiere decir que no pide nada a cambio. Es así, como es. Sin condiciones, ni especulaciones de ningún tipo. Inconsciente. No es el producto de una construcción mental.

El corazón funciona sintonizado con el ritmo universal. ¿Quién lo programo sino?

Es adaptable. Late según las circunstancias. Y eso es porque está vivo, consciente y conectado con su entorno y por ende con todo lo demás.

De manera que podemos vincularnos con nuestro entorno, y de hecho con todo lo que deseemos, de una manera diferente, por medio del corazón. Se trata de sintonizar concientemente nuestro corazón con personas o cosas. Es posible, literalmente, enganchar tu campo de energía con lo que quieras. Eso es lo que se llama “poner el corazón en la cosa”.

El ser humano va hacia una nueva conciencia, es inevitable. Mejor dicho, hacia una nueva conciencia de si mismo y del universo.

La conciencia evoluciona, experimenta, se expande. Por eso es fundamental tener confianza en la propia naturaleza. Que no es otra cosa que lo que somos en esencia, sin necesidad de añadir, ocultar, eliminar o maquillar lo que sea.

Estamos hechos de un reciclado constante de materiales cósmicos, energía e información, producidas por el movimiento de la conciencia misma del universo.

Somos expresión de la conciencia universal

En términos humanos ordinarios, esto no significa nada.

Por eso, para encontrar el verdadero significado de las cosas hay que dejar de pensar y de sentir del modo ordinario.

Vivimos en un universo consciente, somos el producto de esta conciencia. No hay manera de escapar de eso.

Iluminación significa despertarse a nuestra naturaleza luminosa.

Aceptar que nuestra vida y todo lo que emerge de ella (pensamientos, emociones, acciones, cosas) son el producto de esta conciencia. Es lo que se llama “despertar”.

Por esto, en términos de “iluminación”, la mente individual debe aprender a sintonizarse con la mente universal, reconocer su propio origen. Cortar los condicionamientos. Cuando te concentras en el chakra corazón, el pensamiento conciente se desplaza del lóbulo frontal al cerebro medio (sistema límbico y tálamo), disminuyendo la actividad cortical y calmando la mente.

Es importante que el espíritu deje de vagar, identificándose con fantasmas e ilusiones y vuelva a su morada: el corazón. No hay que hacer gran cosa. Conoce el camino. Más bien hay que relajarse, sentarse en silencio con la espalda derecha concentrados en la respiración calma y profunda (ver zazen).

De esta manera el espíritu vuelve a su casa y se pueden controlar con más facilidad las emociones y los pensamientos.

El corazón genera un campo electromagnético mucho más poderoso que el cerebro. Hay múltiples evidencias científicas de esto.

La información que el cuerpo envía continuamente al cerebro no sólo juega un papel en la homeostasis, además influye en funciones cerebrales más especializadas, como la memoria, el conocimiento, y el procesamiento de las emociones.

En esencia, los mensajes que el cuerpo envía al cerebro afectan la manera en como percibimos y respondemos al mundo que nos rodea, y además afectan el cómo nos sentimos y como nos percibimos (propiocepción).

Mientras que todos los órganos se comunican con el cerebro, por vías nerviosas y circulatorias, el corazón posee con este un vínculo realmente fuerte.

Ahora se sabe que en realidad hay más vías nerviosas llevando información del corazón al cerebro que en el sentido opuesto. Esto prueba que el corazón está antes que la mente conciente.

Otro hecho importante es que, lejos de ser solo una bomba mecánica, la función del corazón es conectar, integrar, impulsar y generar, o sea unir, por eso ocupa un lugar central.

El corazón es en realidad un sofisticado centro de codificación y procesamiento de información. El sistema nervioso dentro del corazón, que contiene más de 40.000 neuronas, es altamente complejo y produce un campo electromagnético que influencia el entorno (ver nódulo sinusal)

Este campo electromagnético nos rodea y puede ser medido a varios metros de distancia del cuerpo. Incluso la información dentro del campo magnético del corazón cambia a medida que experimentamos diferentes emociones.

Cuando sonreímos y experimentamos emociones positivas, el ritmo del corazón se hace más regular y su latido armónico, el campo electromagnético (CEM) del corazón se vuelve en consecuencia más organizado y se expande. Obviamente también influye optimizando su físiología y su funcionamiento.

El CEM de nuestro corazón es de hecho registrado fisiológicamente por otras personas a nuestro alrededor e incluso influye en la actividad de sus cerebros.

El CEM del corazón cambia de forma dinámica con nuestras emociones y a su vez nuestros estados emocionales influyen en aquellos que nos rodean. Y también somos influidos por los otros. Cuando se dice: “tu felicidad es la mía y tu sufrimiento es el mío”. Es verdad. Es un hecho científico. Es una retroalimentación permanente.

Las ondas (vibración) electromagnéticas modelan el cuerpo emocional.

El Maestro Kosen dice:

"Sin la apertura del corazón, no pueden ser espirituales, no pueden abrirse, no pueden sentirse bien, no pueden ser felices, no pueden hacer felices a los demás, no pueden ser un santo, no pueden ser un Buda. Y la apertura del corazón, es solamente una postura y estás muy atado a la respiración.

Digo esto porque el maestro Dogen hablaba de la mano izquierda. Decía: la mano izquierda está unida al corazón. Continuaba: es muy importante concentrarse sobre la mano izquierda. Decía: concéntrese sobre la palma de la mano izquierda, y entonces es fácil, si quieren aprender a abrir su corazón, concéntrense en la palma de la mano izquierda. La palma de la mano izquierda y sobre el espacio de su corazón y respiren despacio. Esto va a suavizar su energía.

Estas son cosas que hacen falta conocer sobre su propio vehículo, su vehículo cuerpo-espíritu. Desde el momento en que concentramos la atención en el corazón, deben sentir una energía muy agradable y dulce plena de amor, de hecho. Y deben generar a voluntad esta energía. Esto no tiene nada que ver con lo emotivo, con el afecto. Es puramente interior y esto va a curar totalmente sus ilusiones del amor o de la alegría, pueden llamarlo como quieran."

Entonces cuando elegimos sonreír y activar conscientemente emociones positivas, el CEM del corazón transmite esa información coherente y armoniosa a nuestro entorno, donde afecta a otras personas y también a plantas y a animales.

El cuerpo físico es el reflejo de algo que es no físico.

Todo es conciencia viva. Todo lo que existe emerge de esa conciencia viva. El espíritu, la energía y la materia comparten esa conciencia.

Los sentimientos influyen a nivel cuántico en la composición atómica de la materia.

El sentimiento es la unión del pensamiento y la emoción.

El pensamiento se relaciona con los centros o chakras superiores y la emoción con los inferiores. El sentimiento está entre ambos, en el centro.

Es la vía del medio, del equilibrio.

El pensamiento es la imagen de la posibilidad cuántica

En el reino de las posibilidades, todo existe ya. En el nivel cuántico fundamental, todas las posibilidades existen superpuestas, no manifestadas y con el pensamiento escogemos una de tantas. Colapsa entonces en un único universo. Se manifiesta.

Pero aunque la superposición de posibilidades se reduzca por el pensamiento a un único estado, para poder insuflarle vida hace falta el sentimiento. Para que esa posibilidad cuántica se realice en la realidad cotidiana hay que agregarle el amor …o el miedo, los dos funcionan, aunque el miedo es menos poderoso y genera otros efectos adversos (también en el entorno).
No hace falta saberlo, es suficiente con sentirlo.

Abrir el corazón significa purificarse. Desintoxicarse. Eliminar las viejas toxinas y adicciones emocionales y mentales. Significa abandonar el miedo y el egoismo, desarrollando la compasión, es decir, cultivando un sentimiento de empatía hacia todos los seres vivos (incluido uno mismo).

Abrir el corazón significa reconocer nuestro origen universal y permitir que se exprese la verdadera naturaleza.

No se trata de un esfuerzo deliberado. La condición normal (equilibrada) del cuerpo y del espíritu irradia desde el corazón, sabiduría y compasión, naturalmente e inconscientemente.

Se trata simplemente de aprender a abrir el corazón y calmar los pensamientos.


jueves, 16 de junio de 2011

clarifica tu mente


Un antiguo escrito taoísta dice:

El camino incluye claridad y oscuridad, movimiento y quietud.

El cielo es claro, la tierra es opaca.

El cielo está en movimiento, la tierra esta quieta.

Lo masculino es claro, lo femenino es opaco

Lo masculino es activo, lo femenino es quieto.

Ascendiendo desde las raíces,

Y flotando entre las ramas,

Se producen miríadas de seres.

La claridad es el origen de la opacidad.

El movimiento es el fundamento de la quietud.

Si puedes mantenerte claro y sereno,

El universo entero vendrá a tu encuentro.

El espíritu gusta de la claridad, pero la mente lo altera.

La mente gusta de la calma, pero el deseo la aleja.

Si puedes apartar tus deseos, tu mente se volverá serena.

Clarifica tu mente, y tu espíritu volverá a la calma.

Hoy en día, apartar el deseo (o por lo menos disminuirlo), clarificar la mente y entrar en la quietud, es difícil, ya que toda la sociedad funciona en base a deseos, confusión y un ritmo acelerado. Hay abundancia de recursos humanos y materiales para satisfacer nuestros deseos y a su vez generarnos más. Una retroalimentación permanente.

Desear no es malo, es parte de nuestra naturaleza, somos hijos del deseo. Y hay muchas clases de deseo. Algunos desean salud, otros felicidad, la mayoría desea dinero y muy pocos no desean nada. Viven en el momento presente.

La ilusión, que trae el sufrimiento, comienza cuando el deseo se aparta de la realidad. De nuestra realidad esencial, de nuestra vida, generando una fragmentación entre lo que deseamos y lo que en verdad necesitamos.

Y la verdad es que no necesitamos gran cosa.

Un organismo sano consume poco, es decir, toma lo que necesita para funcionar y desarrollar su vida normalmente, estableciendo relaciones equilibradas con su entorno.

Hay deseos fundamentales como la necesidad de sobrevivir y de reproducirse. Aquí se encuentra la raíz de todo. Cualquier célula viva va a hacer todo lo posible por sobrevivir, está programada para esto. Por eso la capacidad curativa de nuestro cuerpo es increíble. Solo hay que darle lo que necesita y no maltratarlo.

En los seres humanos podemos resumir toda la multitud de deseos e ilusiones en 2 tipos: comida y afecto (sexo). Supervivencia y reproducción. Desde un punto de vista biológico, es el mecanismo que tiene la vida para pasar los genes, es decir la información genética a la siguiente generación y así.

Un organismo aislado de su entorno muere. Muchos actualmente están como muertos sin saberlo.

Aparte de estos deseos básicos, la mayoría de los deseos que tenemos nacen de nuestras debilidades, adicciones, malos hábitos, apegos, mala educación, etc. Son el resultado de un desequilibrio o de la búsqueda de un equilibrio.

El miedo a no “tener” o a quedarse “solo” representa eso.

Para un bebé es lo natural llora por hambre y cariño. Necesita nutrientes, afecto y protección. Es normal.

En la vida adulta vamos reproduciendo lo mismo, solo que de forma más sofisticada y cara. Lo que de niños era simple, de grandes se vuelve complejo y fuente de sufrimiento. Pero la raíz es la misma. Los programas instalados son los mismos.

El error fundamental proviene de una ignorancia acerca de nuestra verdadera naturaleza. Nos consideramos objetos físicos, aislados del resto, con una capacidad limitada y pocos recursos propios. Eso nos convierte en seres dependientes en “potencia”, de ahí a convertirnos en esclavos, o en “máquinas de producir y consumir” en el mejor de los casos, hay un paso.

En verdad somos espíritu encarnado. Conciencia que se materializa, que toma forma humana. Luego se desarrolla la conciencia individual. El individuo es conciente de si mismo. Pero lo cierto es que nunca dejó de formar parte de la totalidad. La sensación de separación es solo el efecto de ser conciente de si mismo, como unidad biológica. Cuando la pequeña unidad biológica se hace ilusiones sobre si misma se separa del resto y olvida quien es.

Esta es una verdad tan antigua como la humanidad. La ciencia lo comprueba. Todo está conectado, en el sutil estado cuántico más allá del átomo y sus partículas, la separación no existe. La conciencia es una. Todo lo que existe son manifestaciones surgidas de la misma conciencia.

Es imposible estar cortado del resto de las cosas. La separación es una ilusión de los sentidos. Una falsa percepción. Somos uno con el universo, cada uno en si mismo es el universo.

La verdadera pregunta es ¿Cómo me trato a mi mismo?

Hay que reflexionar sobre esto. Saber parar la máquina.

En el silencio de la meditación. No hay porque escapar ni correr detrás de nada. Da media vuelta y obsérvate en profundidad. Sin negociar.

Es un buen ejercicio.

Es incluso curativo.

En ese momento el miedo, la soledad, las adicciones y apegos, son reemplazados por un sentimiento de calma y claridad, que surgen de la observación y aceptación de lo que en realidad somos.

Somos seres espirituales haciendo la experiencia de una vida humana.



jueves, 2 de junio de 2011

Equilibrio y meditación

En la naturaleza todo tiende al equilibrio. En nuestro cuerpo, como parte de la naturaleza que es, sucede lo mismo, a esto se le llama homeostasis. Es una dinámica de fuerzas y reacciones químicas que mantienen estable el medio interno.

Pero este balance es dinámico. Equilibrio que se desequilibra y se vuelve a equilibrar adaptándose a la nueva situación, manteniendo el sistema dentro de constantes que le permiten funcionar.

Generalmente no es algo de lo que nos ocupemos, ya que el sistema que se encarga de equilibrar el cuerpo y las funciones vitales funciona mayormente de forma inconciente. De manera que habitualmente no llevamos la atención a las posturas que el cuerpo adopta o a la manera desequilibrada de pensar (ambas están relacionadas).

Una cosa es cierta, la postura del cuerpo y el estado mental están vinculados.

La posición del cuerpo en el espacio, particularmente la cabeza, envía información permanentemente al sistema de equilibrio, para ajustar el cuerpo al eje vertical y que no se tuerza o caiga.

Complejos mecanismos y múltiples interconexiones gestionan información proveniente de todos los niveles y controlan de manera dinámica el equilibrio.

Es que, incluso la más sutil de las reacciones químicas de la célula está íntimamente ligada al resto del organismo, y a este como cuerpo físico y su relación con el espacio. (ver post: 14/5/11 y 18/5/11).

Como cuerpo y mente no están separados, las posturas que adopte el cuerpo influirán de manera determinante en la psiquis y en las emociones de la persona.

La relación con el centro de gravedad del cuerpo, y el eje vertical es fundamental para el equilibrio de las constantes fisiológicas del organismo y la actitud mental.

Según las posturas que se adopten, se percibirá una realidad acorde, ya que la conciencia y el cuerpo son lo mismo (aunque de aspecto diferente).

Por esto adoptar posturas equilibradas es fundamental.

Zazen, la postura de meditación zen, es la postura más estable que puede adoptar un ser humano, por más tiempo y con menos esfuerzo. (ver zen y salud). Y aunque está claro que zazen no es una gimnasia ni una terapia, si no una postura de autoconocimiento y despertar espiritual, esto es posible gracias al equilibrio del cuerpo-mente.

A esta condición de normalidad se le llama punto cero.

El equilibrio es la cancelación de todas las fuerzas entre sí. Ninguna predomina. Esto es el punto cero. Cualquier manifestación representa un desequilibrio, una diferencia.

Por eso la enfermedad es un desequilibrio. Nos acordamos del cuerpo cuando este duele. Pensamos en nosotros cuando somos infelices o egoístas. Con salud y felicidad, uno se olvida más fácil de si mismo, es la mejor manera de trascenderse y aprender.

Las contradicciones y sufrimientos de la vida se corrigen encontrando el equilibrio.

Para la mente es muy difícil equilibrarse a si misma, ya que generalmente esto provoca más agitación. El pensamiento se equilibra con el no pensamiento. Así que empezamos por el cuerpo, lo equilibramos, llevamos la concentración a la postura y la mente se armoniza a esta nueva condición.

El sistema de equilibrio

El equilibrio de la postura corporal es el resultado de la información que llega de tres lugares distintos: el sistema vestibular, el sistema propioceptivo y la vista.

La información que llega (vías aferentes) se integra a nivel del tronco encefálico y el cerebelo, interviniendo también la corteza cerebral (lóbulos frontal, parietal y occipital). La información integrada provoca diversas reacciones motoras (vías eferentes) tendientes a equilibrar el cuerpo de acuerdo al cambio de posición de este con respecto al espacio.

El sistema vestibular Informa de la posición de la cabeza en relación con el suelo.

Esta situado en el oído interno, junto a la cóclea (órgano de la audición).

Debido a su forma (posee 3 conductos semicirculares de cada lado), recibe señales de los 3 planos (frontal, vertical y horizontal). Estos conductos están recubiertos en su interior por receptores especializados (células sensoriales) que poseen cilios (pelos) bañados por un líquido viscoso (endolinfa).

De acuerdo al movimiento y a la posición de la cabeza la endolinfa se mueve, moviéndo los cilios, estimulando los receptores, los cuales generan impulsos nerviosos que llegan hasta el cerebelo y al tronco encefálico con importante influencia de la corteza cerebral. La información se integra y se envían señales que van hacia la médula espinal y de ahí al sistema neuromuscular periférico para adaptar la postura a una nueva condición de equilibrio.

El cerebelo a su vez interviene en el control del tono muscular.

En la postura de zazen la cabeza reposa en equilibrio sobre los hombros, por lo que el sistema vestibular reposa y se armoniza con la posición de equilibrio estable. Al disminuir las señales se desactiva el circuito bioeléctrico con la corteza cerebral y el control voluntario de los músculos. Esto provoca una disminución de la actividad cortical y del pensamiento conciente y una activación del cerebro profundo e inconciente. Lo que favorece el tono muscular de la postura y la concentración mental.

El Sistema Propioceptivo es un conjunto de receptores y nervios que proporcionan información sobre el funcionamiento armónico de músculos, tendones y articulaciones: interviene en el desarrollo del esquema corporal y en la relación del cuerpo con el espacio.

A diferencia de los seis sentidos con los que percibimos el mundo exterior (visión, gusto, olfato, tacto, audición y equilibriocepción), la propiocepción es un sentido por medio del cual se tiene conciencia del estado interno del cuerpo.

Durante zazen al prescindir de los sentidos externos, la propiocepción aumenta, con lo que mejora el control de la postura y nos permite ser concientes más fácilmente del estado interno y de los desequilibrios posturales, y así poder corregirlos.

Esto se relaciona también con un aumento de la atención sutil y de la concentración. Estas dos cualidades superiores del espíritu están evidentemente ligadas a la postura del cuerpo y a la posición de la columna vertebral y de la cabeza.

Cuando la postura es inmóvil y estable, la mente se vuelve calma y estable

El tercer componente: la vista, al igual que el resto de lo sentidos, reposa durante la práctica de zazen.

En la postura de meditación zen no se mira hacia fuera. Los ojos están entre abiertos y la mirada posada a 45º y aunque no se está cortado del exterior, no se fija la vista en nada.

Al recibir el cerebro menos señales del entorno, se produce un reposo de la corteza occipital y de todas las vías ópticas incluidos los ojos. Esto además de favorecer el equilibrio de la postura permite crear una realidad interior más rica, ya que se integra nueva información (y energía) proveniente del propio cuerpo, mejorando además la visión, ya que los pequeños músculos que controlan al ojo, recuperan su tono normal. Por otra parte los ojos descansan de un medio visual normalmente saturado de estímulos.

La práctica de zazen es un método excelente para encontrar el equilibrio en la vida cotidiana y aprender a trascender la mente ordinaria.

Tener la columna vertebral erguida y la cabeza en equilibrio es una cuestión de evolución.

Es un despertar de la conciencia.